Tocar con pista

Por Leopoldo Estol

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Verano, lejos del mundanal ruido, hay una juntada. Como la mayoría de las cosas buenas, la dirección llega a través de amigos (Vivi y Otto) que insisten que es lo mejor que podemos hacer. Es en un parque. Algunas bicicletas cruzan Berlín raudas, otros seres combinan líneas del subterráneo y caminan. Un entorno fabril apenas cocido con adoquines, yuyos y un poco de viento nos recibe. Entre unos árboles altos que se cobijan entre sí y hacen sombra hay un pequeño escenario. A la derecha una mesa con bebidas a precios razonables y un poco más allá, otra mesa cubierta por una seda negra llena cassettes. Siempre grita pero esta vez gritó más, ¿te diste cuenta que se escondió detrás de una mesa para la última canción? Otra voz sugiere que es buen imitador. Antes de que empiece a tocar se percibe una excitación en el aire, la gente se para y se acerca al improvisado escenario. Paul, un chico ni alto ni petiso, lampiño de mirada paciente, toma el micrófono y hace sonar su piano con sonidos góticos de inequívoco magnetismo. Parece no darse cuenta, ¿es tímido? Cuando canta transmite una inocencia parecida a la de un niño de doce años, ¿lleva en la sangre las dotes de un gran performer? A juzgar por la cara de los demás, por el ir y venir de sus cuerpos Keep Stills es la canción que encandila y logra condensar el espíritu de la velada; un collage emotivo de sensaciones y humos que se elevan.

Un cronista de El Flasherito Diario se acercó después del recital, anotador en mano, para hablar con el músico. Me encantaría ir a Buenos Aires, nos dice mientras guarda el teclado en su funda y ordena sus cables. Paul Arámbula nació en la zona árida de Estados Unidos, creció en Phoenix aprovechando las muchas casas que ofrece la ciudad. Su mama estadounidense, americana, su padre oriundo de Arizona con raíces mexicanas. Mi papa tuvo muchos hermanos así que la mayor parte de la vida familiar venía de su lado, imaginate que con 30 primos, alguien cumplía años cada fin de semana… en mi infancia había mucha actividad social. Aprendió español gracias a su tía abuela Hilaria que lo cuidaba cuando los demás iban a trabajar, un día recuerda que su padre lo fue a buscar a casa de Hilaria y al acercarse a golpear la puerta escuchó “quiero más frijoles y arroz”. Era ni más ni menos que el pequeño Paul pidiendo más comida. Algo shockeado el hombre entró y se acercó ¿más frijoles? pero Paul lo miró y se quedó en silencio. Muchos años después pensando sobre el episodio y la reticencia de su papá a inculcarle su lengua natal, Paul dice que tal vez era una forma de no excluir a su mamá de las conversaciones o quizás una forma de ahorrarle problemas de adaptación en una sociedad donde lo latino muchas veces se mira de costado y por encima del hombro.

Phoenix y sus influencias

Si bien con mi familia no lo hacía tanto, me encanta viajar. A los 14 me tomaba el micro y me iba al otro lado de la ciudad. Mi mamá se asustaba. Phoenix es tan seca y tan calurosa y vacía que no podes quedarte. Mil años atrás fue la cuna de la cultura Hohokam que viendo las condiciones adecuadas para la agricultura se procuró sus propios canales de riego, juegos de pelota en posible conexión con creencias politeístas y la construcción de viviendas estamentadas. En la Phoenix moderna, la que renace como el pájaro que le da nombre de sus cenizas precolombinas, sigue haciendo mucho calor pero también hay lugar, mucho lugar. La mayoría de la gente vive en casas de una planta y american dream mediante se mueve en auto así que para la cantera de jóvenes talentos musicales, crecer en Phoenix tiene sus ventajas. Podés juntarte a tocar en la casa de unos amigos sin molestar vecinos y trasladar la batería por la ciudad sin demasiados problemas. Paul empezó a tener bandas y hacer shows desde los 15 años, junto a sus 3 mejores amigos debutaron en la banda Chandails. Insertarse en la escena artística local no le resultó complicado. En 2010 tener una banda era lo único divertido que podías hacer, ir a conciertos o hanguear en la casa de alguien. Es una escena muy dinámica, es fácil tocar con otras bandas que ya se han granjeado cierta fama como The Urinals, la banda inglesa punk old school Crass o Spacelady. ¿La conocés? Ella fue una gran influencia para mí. Crecer en ese entorno me hizo sentir muy afortunado.

¿A qué se parece la música de Paul Arámbula? Tiene algo caprichoso y distorsivo como Lola Granillo, por momentos la voz parece envalentonarse, por momentos volverse más andrógina, una condición versátil que Matias Aguayo ha explorado también. Granillo, Aguayo: ¿estarán las raíces latinas empujando por salir a la luz? También del indie trae un registro elegíaco que recuerda el disco Young prayer de Panda Bear. ¡Buena oreja! «Bros» de Panda Bear es la canción que más escuché en mi vida. ¿Y qué te parece John Maus? John Maus no, no soy fan, lo lamento. Incluso antes del mitin de Trump… (Maus y Ariel Pink fueron vistos en el ataque trasnochado al Capitolio) ¿Y Arthur Russell? Si bien nunca me he sumergido del todo, lo he escuchado y me ha gustado mucho. Algo me resonó cuando escuché esas especie de pistas improvisadas, con voz y violonchelo en diferido. Hay una especie de intuición que canaliza y con la que realmente podés conectar.

Abandonar el nido

Me fui de la casa de mis padres a los 17. Alrededor de esa época conocí a alguien que cuidaba a su mamá con alzheimer y nos vimos un tiempo. Una americana que vivía en Berlín. Al tiempo tomé coraje e hice una gira en bus por Estados Unidos, suena algo grandilocuente pero no fueron tantas fechas y cuando estaba por terminar me di cuenta que no quería volver a Phoenix. Estaba en Philadelphia y necesitaba decírselo a alguien. La llamé y me dijo que viniera a Alemania. Ahora hablar de Berlín es un lugar común, Berlín tiene la reputación de que podés convertirte en otra persona y conocerte profundo. Yo no tenía la menor idea de qué había en Berlín pero lo importante comparado con otros lugares fue que no era difícil conseguir una visa. Llegar en invierno no fue la mejor bienvenida, todo era un poco hostil.

Traje de Phoenix un teclado. Me había costado nada, 6 dólares en una venta de garaje y con el tiempo, como no conocía a nadie, me di cuenta de que el teclado llenaba muchas funciones en cuanto a los arreglos de una canción. Ritmo preestablecido, notas de bajo de la mano izquierda, melodía de la mano derecha, etc. Siempre he tocado en bandas, así que era difícil descubrir cómo tocar canciones pop por mí mismo. Con el tiempo me dí cuenta que las notas sostenidas y cálidas de los ajustes (settings) del «órgano de jazz» es donde realmente quería quedarme. Pero ahora quiero volver a tocar con gente. A veces lo hago.

Ya vive hace 9 años en Europa, hace 3 que no sale de noche. Dice que ya pasó por muchos capítulos, que se cansó de la ciudad que siempre está de fiesta, vive en un barrio amistoso llamado Neu Koln, trabaja mucho y tiene una banda. Está en ese umbral en donde es difícil costear los ensayos y moverse con los instrumentos no parece tan sencillo como antes. Tampoco es fácil lograr un cachet para toda la banda. Por eso Paul se debate entre pros y contras de ser un hombre orquesta. Grabo mientras escribo, así las canciones se vuelven más intrincadas y no puedo reducirlas sólo al teclado. A veces querer hacer de vuelta todo en vivo me marea y encima suena más técnico, más frío. Me encanta poder cantar en el escenario sin tocar tanto el teclado. Así que hago playback. ¡Está bien! Sé que todo el mundo quiere que sea en directo pero a mi el estilo karaoke me hace sentir más relajado y puedo concentrarme en la voz. Puedo mirar a la gente. Sentir las palabras, contar la historia mejor

¿Cómo surgió Keep Stills?

La empecé en unos días libres que tuve en Brandenburgo. La escribí con mi banda experimentando, les dije la quiero probar pero no está lista. La banda ayudó mucho, hubo un tipo de composición libre, potenciada por ellos: Tamir en los teclados, Esra apoyando desde la voz y mi novia, mi amada Mimi tocando la batería. La terminé la noche previa a otro concierto.

Es mi canción favorita pero lo divertido es que no es la que la gente me pide generalmente, siento que cuando la canto es la que mejor expresa lo que quiero decir. Hay una intro larga que a veces se acorta por tocar en vivo pero esta vez fue larga y eso ayudó a llegar al clímax. Tiene un momento donde rompe y vuelve. ¿Te diste cuenta? A veces cuando vuelve no tiene tanta fuerza pero esta noche sí, funcionó.


Summer, away from the hustle and bustle, there is a gathering. Like most good things, the direction comes through friends (Vivi and Otto) who insist it’s the best thing to do. It’s in a park. Some bicycles speed across Berlin, other beings combine subway lines and walk. A factory environment with cobblestones, weeds and a bit of wind welcomes us. Among some tall trees that shelter each other and provide shade, there is a small stage. To the right a table with reasonably priced drinks and a little further, another table covered by a black silk full of cassettes. He always shouts but this time he shouted more, did you notice he hid behind a table for the last song? Another voice suggests he is a good mimic. Before he starts playing there is an excitement in the air, people stop and approach the improvised stage. Paul, a boy neither tall nor short, with a patient look, takes the microphone and plays his piano with gothic sounds of unmistakable magnetism. He doesn’t seem to notice, is he shy? When he sings he transmits an innocence similar to that of a twelve year old child, does he have in his blood the gifts of a great performer? Judging by the faces of the others, by the comings and goings of their bodies Keep Stills is the song that dazzles and manages to condense the spirit of the evening; an emotional collage of sensations and rising fumes.

A reporter from El Flasherito Diario approached after the concert, notepad in hand, to talk to the musician. I would love to go to Buenos Aires, he says as he puts the keyboard back in its case and tidies up his cables. Paul Arámbula was born in the arid zone of the United States, he grew up in Phoenix taking advantage of the many houses that the city offers. His mother is American, his father is from Arizona with Mexican roots. My dad had many siblings so most of the family life came from his side, imagine that with 30 cousins, someone had a birthday every weekend… in my childhood there was a lot of social activity. He learned Spanish thanks to his great aunt Hilaria who took care of him when the others went to work, one day he remembers that his father went to pick him up at Hilaria’s house and as he approached to knock on the door he heard «I want more beans and rice». It was none other than little Paul asking for more food. Somewhat shocked the man came in and approached him – more beans? but Paul looked at him and remained silent. Many years later, thinking about the episode and his father’s reluctance to instill in him his native language, Paul says that perhaps it was a way of not excluding his mother from conversations or perhaps a way of saving him from problems of adaptation in a society where Latin is often looked down upon.

An image of Paul´s most recent tape, painted by Octavio Garabello

Phoenix and his influences

Although I didn’t do it as much with my family, I love to travel. When I was 14 I would take the bus and go to the other side of the city. My mom would freak out. Phoenix is so dry and so hot and empty that you can’t stay. A thousand years ago it was the cradle of the Hohokam culture that, seeing the right conditions for agriculture, found its own irrigation canals, ball games in possible connection with polytheistic beliefs and the construction of standardized housing. In modern Phoenix, the one that is reborn like the bird that gives it its name from its pre-Columbian ashes, it is still very hot but there is also room, lots of room. Most people live in one-story houses and as the American dream guarantees people go by car to everywhere, so for the young musical talent, growing up in Phoenix has its advantages. You can get together to play at a friend’s house without bothering the neighbors and move the drums around town without too much trouble. Paul started having bands and playing shows at the age of 15, when he and his 3 best friends debuted in the band Chandails. Inserting himself in the local art scene was not complicated for him. In 2010 having a band was the only fun thing you could do, going to gigs or hanging out at someone’s house. It’s a very dynamic scene, it’s easy to play with other bands that have already made a name for themselves like The Urinals, the English old school punk band Crass or Spacelady. Do you know her? She was a big influence on me. Growing up in that environment made me feel very lucky.

What is Paul Arámbula’s music like? It has something whimsical and distorting like Lola Granillo, at times the voice seems to be emboldened, at times to become more androgynous, a versatile condition that Matias Aguayo has also explored. Granillo, Aguayo: are the Latin roots pushing to come to the fore? Also from indie he brings an elegiac record reminiscent of Panda Bear’s Young prayer album. Good ear! «Bros» by Panda Bear is the song I listened to the most in my life. And how about John Maus? John Maus no, I’m not a fan, sorry. Even before the Trump rally… (Maus and Ariel Pink were spotted at the shameful attack on the Capitol) And Arthur Russell? I have never fully dove into Arthur Russell. Everything I’ve heard I’ve really enjoyed though. Something resonated when I heard the sort of improvised, delayed voice and cello tracks. There’s a sort of intuition there that he channels that I really connected with.

Leaving the nest

I left my parents’ house when I was 17. Around that time I met someone who was taking care of her mother with Alzheimer’s and we saw each other for a while. She is American but had lived in Berlin. Eventually I got up the courage and did a bus tour of the US. It sounds a bit grandiose but it wasn’t that many dates and when I was about to finish I realized I didn’t want to go back to Phoenix. I was in Philadelphia and I needed to tell someone. I called her and she told me to come to Germany. Now talking about Berlin is kind of «meh»! Berlin has the reputation that you can become another person and know yourself deeply. I had no idea what was in Berlin when I decided to come but the important thing compared to other places was that it was not difficult to get a visa. Arriving in winter was not the best welcome, everything was a bit hostile.

I brought from Phoenix a keyboard. It had cost me nothing, $6 at a garage sale and over time, since I didn’t know anyone, I realized that the keyboard filled many functions in terms of arranging a song. Preset rhythm, left hand bass notes, right hand melody, etc. I’ve always played in bands, so it was hard to figure out how to play pop songs by myself. Eventually I realized that the sustained and warm notes of the «jazz organ» settings is where I really wanted to stay. But now I want to get back to playing with people. Sometimes I do. 

He’s been living in Europe for 9 years now, he gave up nightlife 3 years ago. He says he’s been through a lot of chapters, he got tired of the city that is always having parties, lives in a friendly neighborhood called Neu Köln, works a lot during the day and has a band. He is on that threshold where it is difficult to afford rehearsals and moving around with instruments doesn’t seem as easy as it used to be. Nor is it easy to get a cachet for the whole band. So Paul is torn between the pros and cons of being a one-man band. I record as I’m writing, so the songs get more intricate and I can’t reduce them only to the keyboard. I would love to just be able to sing on stage without playing keyboard as much. So now, I play with the playback. It’s fine, but I know everyone wishes it was live but to me karaoke style makes me feel more relaxed and I can concentrate on the vocals. I can look at the people. Feel the words, tell the story better.

How did Keep Stills come about?

I started it on a few days off I had in Brandenburg. I wrote it with my band experimenting, I told them I want to try it but it’s not ready. The band helped a lot, there was a kind of free composition, empowered by them: Tamir on keyboards, Esra supporting on vocals and my girlfriend, my beloved Mimi playing bass. I finished it the night before a concert.

It’s my favorite song but the funny thing is that it’s not the one people usually ask me for, I feel like when I sing it, it’s the one that best expresses what I want to say. There is a long intro that is sometimes shortened by playing live but this time it was long and that helped build to the climax. It has a moment where it breaks and comes back. Did you notice that? Sometimes when it comes back it’s not so strong but this night it did, it worked.

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