Intimidad con el río

El sábado 14 de marzo cien personas se preparan para nadar en el río Capitán, se ponen las antiparras y dejan la ropa seca en un bolso en la orilla. En esta crónica Leopoldo Estol cuenta la primera acción de Nado colectivo, un grupo que nadando entrevera personas, ecosistemas, botes, camalotes y procura así nuevos disfrutes y chispazos de conciencia

Cuando crujen los edificios

Entre yeso, cemento y rayos, Maxi Murad levanta en Moria un edificio a punto de derrumbarse. En su reseña, Fran Stella lee la muestra como una arquitectura simbólica de lo político y lo social: una metáfora del colapso y del deseo de recomenzar entre los escombros. Entre la torre y la casa, entre lo que sostiene y lo que cede, el artista compone una pedagogía del derrumbe: el instante en que la materia se vuelve pensamiento y la herramienta —una tenaza, un gesto, una imagen— ofrece la posibilidad de ajustar o desarmar todo aquello que nos sostiene.

Retratos públicos

En la mirada de Fermín Vilela la iconografía presidencial se vuelve delirio pop y guerra simbólica. Javier Milei se multiplica en óleos, gigantografías y memes enmarcados, entre Napoleón en Fontainebleau y Wolverine de tapa. Este micro-ensayo advierte: no se trata de decoración kitsch ni capricho freak, sino de una estrategia meditada que recicla el viejo culto al líder en clave de cómic libertario. Los símbolos pesan, incomodan, revientan; y en Olivos, hoy, ya están escribiendo una grotesca historia del presente.

Un espejo que se desplaza a lo largo del camino

En Un lugar enorme, Julia Levstein convierte la vereda en escenario y el tránsito urbano en poema. Rosario y Ciudad de México se espejan en frottages, murales y libros gigantes que alteran la escala y desacomodan la mirada. En su reseña, Guadalupe Arriegue sigue esas cartografías mínimas y desmesuradas donde el realismo se vuelve acto de imaginación: un mapa gris, sórdido y enorme, como la poesía y la ciudad.

Conceptualismo en remojo

En Huir del mundo. Memorias de acción de un colectivo artístico, Rosa Chancho convierte la historia reciente del arte argentino en una comedia teórica, un archivo húmedo y performático donde el gesto crítico se mezcla con la farsa. Lenny Liffschitz reseña este libro de Caja Negra que recompone el pulso de un grupo que parodió la sociología del arte desde adentro, ironizó sobre la institucionalidad y volvió cuerpo la idea. Entre rituales burocráticos, bautismos, inauguraciones perpetuas y retorcidas retrospectivas, Rosa Chancho ensaya un conceptualismo pegajoso: uno que transpira, que se ríe y que piensa con las manos.