Tejer en wichí

Las katetsel son estrellas que van y vienen, unidas a la tierra por hilos. Un día el hilo se corta y ellas se quedan. Anabela y Antonia Pérez, Analy Villagra y Mariela Segundo, además de mujeres y estrellas –como sugiere la cosmogonía wichí– son tejedoras. La cineasta Daniela Seggiaro dialoga con ellas, aprende a tejer y se sorprende al encontrar en la técnica una constelación escondida.

Aquí estoy, encendida

Silvia Gurfein inventó una antena donde entra su pintura y también un proceso, una conversación diaria que empezó en la pandemia con su hacer, con el gesto de pintar y la soledad del taller. Flor Cugat viaja al universo de Silvia a través del recientemente editado libro de FAN, y nos cuenta cómo después de años de esmerada práctica la artista materializa las preguntas en energias. ¿Se pinta a ciegas? ¿Se ve a través del lienzo? ¿Miramos la pintura o la pintura nos mira?

Retratos públicos

En la mirada de Fermín Vilela la iconografía presidencial se vuelve delirio pop y guerra simbólica. Javier Milei se multiplica en óleos, gigantografías y memes enmarcados, entre Napoleón en Fontainebleau y Wolverine de tapa. Este micro-ensayo advierte: no se trata de decoración kitsch ni capricho freak, sino de una estrategia meditada que recicla el viejo culto al líder en clave de cómic libertario. Los símbolos pesan, incomodan, revientan; y en Olivos, hoy, ya están escribiendo una grotesca historia del presente.

Un espejo que se desplaza a lo largo del camino

En Un lugar enorme, Julia Levstein convierte la vereda en escenario y el tránsito urbano en poema. Rosario y Ciudad de México se espejan en frottages, murales y libros gigantes que alteran la escala y desacomodan la mirada. En su reseña, Guadalupe Arriegue sigue esas cartografías mínimas y desmesuradas donde el realismo se vuelve acto de imaginación: un mapa gris, sórdido y enorme, como la poesía y la ciudad.

Conceptualismo en remojo

En Huir del mundo. Memorias de acción de un colectivo artístico, Rosa Chancho convierte la historia reciente del arte argentino en una comedia teórica, un archivo húmedo y performático donde el gesto crítico se mezcla con la farsa. Lenny Liffschitz reseña este libro de Caja Negra que recompone el pulso de un grupo que parodió la sociología del arte desde adentro, ironizó sobre la institucionalidad y volvió cuerpo la idea. Entre rituales burocráticos, bautismos, inauguraciones perpetuas y retorcidas retrospectivas, Rosa Chancho ensaya un conceptualismo pegajoso: uno que transpira, que se ríe y que piensa con las manos.