Dando vueltas en la cama

por Imanol Subiela Salvo
dibujo por Lino Divas

I.
Es la primera vez en mi vida que tengo una cama de dos plazas. La compré en el verano. Mi hermana encontró una oferta de 18 cuotas fijas sin intereses. Me pareció razonable comprarla, porque al poco tiempo de que esta oferta apareciera en mi vida tenía que mudarme a mi actual departamento, que es mucho más grande que el anterior. En la habitación de este departamento tenía que poner una cama de dos plazas, en el otro departamento donde vivía antes apenas entraba una de una plaza. El día que llegó la cama y la vi en la habitación sentí que efectivamente entraba en la vida adulta. Vi la cama en la pieza y dije “ok, ahora todo depende de mi”. Fue una buena decisión comprar esta cama que, a pesar de que fue barata, es de muy buena calidad y de una marca conocida. Pienso que, ahora que no puedo dormir y que estoy dando vueltas en la cama, si estuviera en una cama de una plaza este insomnio sería una tortura. Ahora puedo probar distintas posiciones, acomodarme de diferentes maneras tratando de encontrar la postura más conveniente para poder dormir. Nunca tuve problemas para dormir. Hasta ahora. Me levanto en la mitad de la noche, al menos una vez. Hace unas semanas entrevisté a una investigadora de CONICET que me explicaba cómo no estar tan en contacto con el sol y su luz (culpa de la cuarentena) generaba cambios en nuestro sueño, en nuestra manera de dormir. Lo que me pasa ultimamente, cuando me levanto en la mitad de la noche, es que pienso un rato largo en problemas de la vida cotidiana. No me dan ganas de ir al baño ni nada de eso, sino que en mi mente aparecen preguntas como qué hacer con mi trabajo, con mi vida académica, qué baches o huecos de mi biblioteca tengo que llenar. Una vez fui a una charla donde el curador de un museo municipal dijo que la colección de esa institución tenía “baches”. No me puedo recordar exactamente cuál era su argumento, pero si me acuerdo que un amigo le respondió que una colección no tenía baches, que una colección era lo que era y listo. Siempre uso ese argumento para consolarme por no tener libros de “los clásicos” en mi biblioteca. O por no haber leído a Borges o alguno de esos escritores que, en teoría, son importantes.

II.
Comenté con amigos una pelea entre Yanina Latorre y Julia Mengolini. Desde marzo, cuando empezó el aislamiento, y hasta ahora, que estoy en mi cama sin poder dormir, estuve muy al día del mundo del espectáculo. Siempre me divirtió el mundo de la farándula argentina. Con mis amigos Cajita y Melina no hacemos consumo irónico de eso: nos divierte y ya. Miramos Bendita TV al menos una vez por semana y vamos comentando lo que vemos. Si nos perdemos el programa, pero nos enteramos de que algún informe está bueno, lo miramos al día siguiente por YouTube y lo discutimos por WhatsApp. Pero quería hablar de Yanina Latorre y Julia Mengolini. Resulta que en un programa de la radio que dirige Mengolini, Futurock, se rieron de la hija de Yanina Latorre: Lola fue al programa de Andy Kusnetzoff y se largó a llorar cuando contó que quedó muy dolida por su padre, después de enterarse que se acostaba con Natacha Jaitt a espaldas de su madre. A los días de eso, en Futurock, en el programa que conducen Srta. Bimbo, se rieron de ese episodio dramático y televisivo. Bimbo dijo que la chica era una “pelotuda de mierda”, que cómo iba a llorar por eso cuando había gente “cagandose de hambre”, que se hacía la ofendida con el padre, pero que después compartía fotos con él para lucir canjes de buzos caros que le llegan a su casa dentro de un country. Todo el lío se armó cuando en un móvil de Los Ángeles de la Mañana Julia Mengolini discutió con Yanina Latorre al respecto. Los argumentos de las dos eran válidos y en parte creo que ambos eran sólidos y que las dos partes tenían razón en lo que decían. Pero, cuando discutía con mi amigo Cajita al respecto, pensamos que la discusión de fondo era que la hegemonía la siguen construyendo los blancos, ricos y heterosexuales. El sentido común es el que sale en el prime time, el que dice que la infidelidad es una traición, que un motivo válido para llorar por televisión es que tu papá se acostó con otra. Los vivos en Instagram que más se ven, desde que empezó la cuarentena, son los que hace Yanina Latorre junto a otros influencers. Durante horas critican y putean a los gritos a otras personas. Bueno, ahora le tocó a ella y su hija. El punto es que la mejor parte de la torta sigue siendo para los ricos y los pakis. Creo que a eso se refería el chiste de mal gusto de la Srta. Bimbo. ¿Por qué tiene que ser un mérito ser rico, heterosexual y blanco? ¿O gay y físicamente hegemónico?

III.
Pienso en todas las fotos que estuve viendo de mi infancia estos últimos días. Quisiera verlas ahora otra vez, pero el celular está muy lejos y no quiero salir de la cama. El departamento donde vivo no es muy cálido, pero ahora me siento calentito y sé que si salgo de la cama me voy a enfriar. En general las casas y departamentos de Buenos Aires no son espacios cálidos. Nunca me sentí bien calefaccionado en ninguno de todos los lugares que habité desde que vivo en esta ciudad. Creo que esta casa es la que mejor pude calefaccionar hasta ahora. Si hay algo que extraño de Trelew es su calefacción: la casa de mi madre tiene tres estufas que están al máximo durante todo el invierno y nunca se siente el frío. Pero ahora no pienso en caloramas, sino en fotos. Mi mamá cumplió años hace unos días y mi familia decidió festejar el cumpleaños, a la distancia, de distintas maneras: mandar un desayuno al laboratorio donde trabaja mi mamá, hacer un zoom al mediodía y organizarle una cena sorpresa (con otro zoom en el medio) a la noche. Creo que sin la pandemia no habríamos hecho nada fuera de lo normal, no nos hubiéramos esforzado tanto. Parte de las sorpresa fue un video con fotos viejas, como esos que pasaban en los cumpleaños de 15. Las fotos familiares son raras, nunca retratan a las familias. En las fotos familiares lo que uno ve es la idea de familia: padres felices, hijos felices, personas que se aman y se abrazan. No hay roces, internas, problemas de herencias. Una alegría inventada. El único recuerdo que tengo de mi infancia es que mi casa era muy conflictiva, el divorcio de mis padres fue muy ruidoso. Yo no prestaba atención, no entendía por qué todo era tan bélico. Para no prestar atención me pasaba todo el día leyendo, sobre todo libros de fantasía: Las crónicas de Narnia, Harry Potter y cosas por el estilo. Los dragones son más poderosos que un poema sobre una tostada que se cae al piso del lado de la mermelada. Los talleres de escritura nos hicieron mucho daño.

 

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