Del otro lado del espejo
5 días en el Foro arteBA
dibujo por Lino Divas
El hotel Diplomatic parece un casino y está lleno de turistas: mayoría brasileños, algunos japoneses y yankees. Los techos son altísimos, mi cuarto queda en el piso 19 y mi cama y mi ducha son gigantes. Estoy acá para participar del foro “Conversando con lo vivo” curado por Yina Gimenez Suriel y Belén Coluccio y organizado por arteBA, ésta será su segunda edición. Al igual que el año anterior, los paneles son en las provincias del noroeste argentino: Mendoza y San Juan.
En el super desayuno del hotel pienso en mi madre, que trabaja como pianista en el hotel Llao Llao, un emblema del turismo en Bariloche. Cada vez que la acompaño a su trabajo veo el lado B: los espacios donde trabajan los empleados. Ella siempre repite el mismo juego: ahora cruzamos esta puerta y ¡todo cambia!. Pasamos un espacio de luz blanca y paredes desalmadas, a un espacio cálido, alfombradíiiisimo, con mucha madera y cabezas de ciervos colgando. Algo de esa sensación de atravesar un umbral y estar en otro mundo tuvo todo este viaje para mi. Como si hubiera entrado a una dimensión paralela, donde jugué a olvidarme, por un rato, del desempleo y el freelancismo precario que se instalaron en mi vida en los últimos meses. Justo me venía preguntando si la clase media -que destacaba a nuestra sociedad- va a dejar pronto de existir…En diciembre volví a vivir a Argentina después de un año afuera y el aterrizaje fue abrupto: me quedé sin trabajo y sin hogar. La mayoría de mis amigos no llegan a fin de mes o fueron recientemente despedidos…en medio de todo esto, cierta parte del “mundo del arte”, parece vivir en una burbuja dentro de otra burbuja, y sigue adelante sin demasiados rasguños. Pero, según escucho entre susurros en el horario del cóctel, entre vinos deliciosos y empanadas, los bodegueros también se quejan, la crisis también los afecta. Las ventas bajaron, como en todos lados, pero también porque hay una competencia feroz por el agua. La industria minera necesita de ella para su funcionamiento al igual que los viñedos. Por mucho tiempo, la administración del agua a través de la tecnología de las acequias parecía ser suficiente: un dispositivo simple canalizaba el agua de la nieve de la precordillera hacia la ciudad. Algo de ese relato en torno al ciclo del agua apareció en la exposición de Andrés Piña, artista mendocino que me tocó en suerte como compañero de panel.
El primer día elegí hacer el circuito de arquitectura y descubrí la casa moderna de los hermanos Andia, hijos de un ferretero. Lo que más me fascinó fue el mobiliario, hecho artesanalmente y a medida. Todo ese primer día nos dejamos llevar de casa en casa, de taller en estudio, viajando siempre en el micro cual egresadxs: todos excitados por los paisajes y las novedades, y también un poco zombies porque habíamos volado en distintos aviones de madrugada. Mi parte favorita fue descubrir al grabador Victor Delhez, su taller oscuro, lleno de copias, maderas, y muchos estantes llenos de libros de ciencia ficción. En el mismo predio está la casa de su hija y su nieto Cristóbal Farmache, un arquitecto y artista que diseñó y construyó su propia casa: mucha chapa, vidrio, formas irregulares, colores naranjas sobre hierro (muy desafiante de explicar su belleza y sus formas). Alguien mencionó que le recordaba a la primera época de Gehry, no lo sé… solo quedé encantada.
El jueves el foro empezó bien arriba, un auditorio casi lleno, con invitados porteños y profesores y estudiantes mendocinos que gritaron, desde el fondo: “Hay más de 10 personas presas por marchar contra la megaminería”. El artista y curador sanjuanino Carlos Gutierrez abrió el foro de Arte y Naturaleza y contó cómo ayudaba a su padre en el mantenimiento de aires acondicionados. Algo de ese oficio quedó impregnado en sus obras: una apuesta a lo rudimentario, con esculturas de materiales baratos y una búsqueda de recomponer la historia social de los materiales. Junto a él Sci-bebu -un ser de otra dimensión que fue el ventrílocuo del artista Eduardo Navarro- quien conversó con nosotros sentado sobre la curadora Yina -quien lo acariciaba sin disimulo-. El peluche nos dijo cosas como: “los cuerpos son antenas” o “quiero que las personas se conviertan en bebés” o “uso el dibujo como un oráculo instantáneo”.
¿Qué miramos cuando miramos el cielo? pregunté otra vez en el micro, ya cruzando el límite interprovincial, viajando de Mendoza a San Juan. ¿Cómo miramos el cielo, con qué artefactos y dispositivos? Conté un poco sobre la manipulación meteorológica que acontece en Mendoza para evitar el granizo y también hablé sobre los estratocumulus, unas nubes bajas que protegen nuestra tierra de la radiación solar y que, con el calentamiento climático, están en extinción. Mientras tanto, en las noticias, los trabajadores del Servicio Meteorológico Nacional están de paro, porque hubo 140 despidos y tienen prohibido usar el concepto de “cambio climático”, al igual que en otros países gobernados por la neo-ultra-derecha.
No se puede hablar de lo vivo sin hablar de lo muerto, debemos tener presente la muerte, esa fue una de las conclusiones -precarias- a las que llegamos en el 2do día del foro que aconteció en el Museo Franklin Rawson de San Juan. Irina Podolski nos habló de los basureros como un espacio productivo previo al museo, allí se pueden encontrar, por ejemplo, animales extinguidos en el siglo XVIII. Brigitte Baptiste cerró el ciclo de conferencias y, mientras se caminaba todo el escenario, contó cómo cada sociedad tiene su propia ecología, y su apuesta a pensar los ecosistemas como cyborgs de agencia cambiante. Esa misma mañana, en mi exposición titulada “Variaciones sobre el rayo”, había contado sobre algunas muertes producidas por rayos: por ejemplo sobre el primer mártir de la ciencia eléctrica, Georg Wilhelm Richmann, quien en 1753 intentó replicar el experimento de Benjamín Franklin y murió electrocutado. Y también la catástrofe de la tormenta del verano 2014 en Villa Gesell, que causó 4 muertos y 22 heridos.
Ahora estoy de nuevo del otro lado del umbral, volviendo a una sensación de realidad: en la costa argentina, en una casa sin wifi y con varios días de vientos fuertes y lluvias. Finalmente se siente el otoño: mi campera huele a humo, mis zapatillas están mojadas por ir a filmar la espuma marina. Si bien aún no logré procesar los intensos cinco días de la semana pasada en el Foro arteBA, igual escribo, mientras releo mi libreta, miro las fotos y extraño el aire cálido y seco del oeste.

