Razones personales
Por Lucas Quiroga
Dibujo por Lino Divas
David Viñas escribe que nadie se margina al ritmo común y se salva de la perdición general. Es posible reconocer cierta certeza de la primera condición, y discutir la segunda, reformularla: “nadie se salva solo de la perdición general”. Las actitudes de la poética son colectivas, en virtud de su consecuencia como en su proceso. Podemos pensar que las aprehensiones de las particularidades históricas no son ajenas al resultado ni a las consecuencias mismas. El sesgo declamatorio de la poética en Franco Boczkowski se construye también en la emotividad propia de la experiencia de lectura. Así, hay versos abyectos de un punctum Bartheano que nos interpela y nos atrapa por especies de golpes en la retórica propia de la lengua, un aire fresco de contemplación donde el “yo poético” nos hace parte de un acontecimiento; no solo por la precisión de la imagen y el movimiento sobre el cual horada, sino en el acontecimiento mismo de la búsqueda y la resolución. El tópico desencadena un sesgo contemporáneo atendiendo a detalles que son significativos; el consumo, la decepción, el amor, la economía. Todo resulta redescubierto, porque como escribe el poeta: no estamos en tiempos normales/ estamos en tiempos extraordinarios. Se inscriben así, límites abiertos frente a paisajes urbanos, el ripio demográfico de la rutina de un país donde cobra relevancia los litigios; las pugnas y los conflictos se trazan atendiendo al ritmo acelerado de una voz que hilvana con precisión quirúrgica todo lo que pasa tanto en las calles y las esquinas, como en el corazón y el pensamiento. Ahí, el poeta propone un ejercicio de escritura, frente a la triste redundancia de las fórmulas agotadas.
En Razones personales, se vislumbra lo que Benjamin llamaría “una constelación”: el entrecruzamiento de tiempos heterogéneos que actualizan el pasado en la experiencia contemporánea. La ciudad, el mercado, la política, las relaciones afectivas —todo es escena donde el lenguaje deviene en una crítica-. Así, la voz poética propone un estar-en-el-mundo atravesado por la vulnerabilidad, pero también por la lucidez. Como si la individualidad generacional fuese inherente a su condición, los poemas que integran Razones personales contrastan y discuten esta premisa proponiendo a su vez un rasgo rítmico que marca el tiempo, el espacio, y la configuración de los poemas: los sujetos poéticos planteados como una pluralidad, son los que ponen el cuerpo y atienden a lo que nos ocurre siendo esto iluminado con una sensibilidad particular que se devela, no solo en la lectura interior, sino en la lectura en voz alta atendiendo a versos que, como escribió Emiliano Baigorri Theyler; “son construcciones resplandecientes que destruyen lo naturalizado y así obtienen a cambio la nostalgia de lo real”. Kohan sugiere que la crítica literaria debe “leer el procedimiento” antes que reducir la obra a sus mensajes. Boczkowski, en esta línea, no se conforma con señalar el malestar o diagnosticarlo, sino que lo hace cuerpo en el poema. Sus versos no son la ilustración de una tesis, sino el campo donde se debaten las condiciones de posibilidad. Los poemas no explican, presentan. Y ese es el gesto poético más potente: el cuerpo como superficie de inscripción en el presente.
Estamos, entonces, junto a un libro que corre un riesgo al hilvanar el territorio, técnica y sensibilidad; en un tándem que no relega a la vez el trabajo estético, sino que atiende a él con un trabajo depurado. Donde se gira vertiginosamente, el corazón surca; así, puede conjugarse cierta dinamicidad asumida por la tendencia que nos enhebra frente a lo real que tiende a especular. Razones personales, es una obra inteligentísima, y puede, incluso, leerse en correspondencia al Raimondismo de Poesía Civil. Aquí es posible establecer un método de escritura donde coexiste el territorio articulado al trabajo sobre la lengua. Cobra relevancia el escenario construido, como así cómo es construido este escenario; lo que aparece en función de una decodificación atiende tanto a lo que nos ocurre ahora en sus múltiples estratos; nuestros miedos junto a nuestras resignaciones, pero también, junto a nuestro optimismo y condescendencia entre nosotros: conviene en este atisbo de caída / dejarnos derrumbar o sostenernos / ambos / haciendo juntos el final / como antes hicimos el transcurso separado.
Los contemporáneos, según Walter Benjamin, iluminan el lado oscuro de la realidad. Boczkowski es un poeta argentino contemporáneo. Razones personales, quiero decir: integra nuevos poemas de amor para presentes y futuras generaciones. La voz no es solo la de un poeta que canta lo personal, sino uno que reconfigura lo personal como campo de batalla en lo histórico. Sus razones, entonces, hoy son nuestras.
Tres poemas presentes en “Razones personales”; libro publicado por la editorial Nudista.
- Mediodía en Atenas
La época tiene su atractivo de libro de historia
sumado al otro atractivo de ser actual
y quedar nada más que a unos cuantos pasos
de la puerta de casa, donde concentran, a veces, cada día
sectores de masas diversos, atentos
a sus reclamos. Este mediodía en Atenas
enfrentaban, congregados, el ajuste.
Este mediodía, el sol, en Córdoba, mostraba
toda su experiencia de miles de años,
la preparación de una huelga general
en Grecia, contra la troika que negocia condiciones
para una nueva ayuda financiera,
aunque el ministro de finanzas asegure
que el dinero alcanza para pagar hasta noviembre
y aquí la FIAT informe que no habrá suspendido el viernes
porque Brasil empezó a mover, nuevamente, los mercados,
el 19 de octubre marcharon en Atenas
más de medio millón. Decenas de miles
en todas las ciudades griegas
mostraban el futuro de la Unión Europea,
porque las ciudades, como las personas, cambian,
aunque el sol del mediodía sea el mismo (el mismo sol
que permitió a Aristóteles estudiar los eclipses
y la poesía) y aunque se insista con estar blindados,
Volkswagen aquí adelanta vacaciones,
Renault suspende por falta de insumos,
y nos movemos, alterados, bajo el sol inalterable
del mediodía, entre la experiencia, la mentira,
la convención y las posibilidades de que ocupemos la historia,
como en Atenas hoy se ocupaban
edificios públicos, calles y portadas
en los diarios del mundo.
- Transición
No fue tragedia la primera, ni sería
farsa la segunda vez que nos encontremos
nosotros mismos o distintos o este martes
negro que no es y hace años se prolonga
y no acaba ni con Grecia, ni con Francia, ni Alemania,
ni con nosotros acaba, esta vez tampoco;
ni el tiempo y el espacio nos acaban.
No hay heroísmo en abandonar el conflicto
y evitar dar pelea. Son estas
las condiciones y el estado
de equilibrio al que llegamos sin siquiera
habernos propuesto ese deber
de sentir como mandato, el peso
de esta tarea de vernos obligados
a construirlo todo, incluso
lo necesario para destruir
el estado en el que nos tienen las cosas:
si se han ido las circunstancias, entonces,
se ha ido también el amor;
mil bancos pueden derrumbarse sobre el vientre
de mis hijos, o los tuyos, o los otros,
los frutos que evitamos con el tiempo
porque no acaban con nosotros
ni el tiempo, ni el espacio, ni estas pobres circunstancias
que, agotadas, entonces, se llevan el refugio
y no nos dejan, al parecer, otra cosa más que algunas
deudas imposibles de pagar
la pura intemperie de esta transición
en la que nos ampara el amor
o nos destruye el estado.
- La partida
Acepto las reglas de la partida
y me apuesto, aquí, ante todos,
para que alguien pueda, probablemente,
contarme lo que yo mismo he vivido
o hacer que el tiempo, ese tiempo, me perdone,
por hoy, al menos, que siento
terribles deseos de prestarte atención
y volver al siglo diminuto
tan diminuto como el último
aliento que te oí
y que sentí, por un segundo,
pasar en mi garganta.

