¿¿how to [k]nowakis??

Por Tom Werth

Dibujo por Maruki Nowacki

la putrescina

[es] una sustancia

[con un nombre]

que limita un aspecto [de aquello]

que insistimos por llamar

olor a muerte

ÁRBOLES EN RONDA

En Árboles en ronda, Maruki nos abre una puerta principal a su imaginario. Una fantasía anclada en un tiempo otro, que no está ni en un porvenir ni se desfasa en un pasado específico. Ella nos embarca en una expedición que se pregunta por la vitalidad de la muerte. La muerte que está entre los vivos y que se hace carne a través del rito. Un rito tornasolado que trasciende los hilos, descompone la corporalidad de los fantasmas, y los regurgita como parte de sus propias vestiduras. Acaso trajes, acaso máscaras…

Junto a Beto y Martín – curadores de la muestra y galeristas de Constitución – surgió la intención de volver a los vestidos y a los objetos. Soltar a Maruki de su relación con el conocido mundo etéreo del tul y ampliar su búsqueda por nuevas materialidades. Una búsqueda atravesada, en primera instancia, por un deseo: el de dejar una huella del cuerpo en los vestidos y en los trajes. Pero a su vez, pensar en la pintura, en la pintura en sí.

Hay una obsesión latente que nos abre Maruki a través de sus obras. En las repeticiones, los patrones, en cierta identidad que configuran ellas como unidad.

Una fijación en la idea de una imagen a la que siempre se intenta volver. Aun sin querer, ella vuelve. Hace miles de intentos por arrimarse a esa idea-imagen que quiere pintar. Y en esa búsqueda obsesiva aparecen los objetos, aparecen como un modo de desarmar esa imagen. Volcándola en otro medio: el textil.

T: ¿ a qué le tenés miedo?

M: A no encontrar potencia en las cosas, a aburrirme, a la inacción, al aislamiento. 

– Rit(m)o:

La espectrología nowakiana nos adentra en una experiencia que se desenvuelve entre el rito y el juego. Un montaje que pone en marcha un cúmulo de acciones. 

Una maquinaría de figuraciones en movimiento que petrifica un retazo de eternidad en el filo de un instante.

Una suerte de cadáver exquisito, en el que se anudan el pasado con el presente y en donde distintas líneas temporales se entrelazan. Como las propias materialidades que componen esta muestra. Que por momentos se rigidizan para volverse a relajar. 

Una fluctuación diacrónica se escenifica a través de la sensibilidad de una marionetista. Ella invoca a través de la intimidad de sus trazos y de sus formas, una danza para los muertos, una danza con los muertos. Un baile que reproduce una melodía sin tiempo aparente que desprende una armonía coral en un ritmo de sombras ontológicas que nos recuerdan la preexistencia de una luz en su propia génesis.

– Material Girl:

Acompañada por lx artista textil y experimentadorx del látex Jo.ishii, Maruki investiga las posibilidades que estructuran los distintos materiales. 

El látex, se trabaja desde su estado líquido, material caprichoso e indomable, permite calcar texturas que logran escapar de un orden supuesto.

Una mano de retazos de vidrio, expone la cualidad más radiográfica de la propia forma: potencia la aparición de una interioridad.

La sublimación, como técnica, desdibuja la imagen en uno de sus lados, como el revés de un tapiz que lleva los hilos por detrás.

Hay mucho hilo, tela, ropa usada, aerosol, guata, látex derramado, látex en tira, rellenos plásticos, acrílicos, pastel tiza, pinturas y… Maruki.

Hay Cuerpos humanos y no tan humanos. Lombrices – con su capacidad de adaptación a distintas superficies – caracoles y árboles parecen insinuarse por todos lados. En los mismos trajes, en las vetas que arman los bordados, se hacen presentes sin estar del todo expuestos. Nos cuentan una historia susurrada en las entrañas de una melodía que parece surgir de un telón de fondo, oscuro, casi invisible.

– Un suspiro putrefacto

Entre el silencio y el canto, un cuerpo se pregunta cómo escapar de sí mismo. A toda velocidad, un sonido complejo gira en falso, fractura el tiempo, como un tono de shepard[Shepard Tone]. Nos enviste un loop que ilusiona y trastorna por igual. En esa ficción delirante que parece tocar el infinito, la ronda se estructura como figura retórica y modula el crecimiento simbólico de los árboles.

Por momentos rito, por momentos juego, en una ambivalencia que se vale de reglas autoimpuestas, se estructuran límites en estado de fragilidad. Instaurando en un pliegue de la realidad, una perspectiva nueva para retornar y sobrepasarla.

T: ¿hay vida después de la muerte?

M: Quizás la vida después de la muerte, tiene que ver con lo que brota después de esa existencia, por fuera de lo que fue esa vida, lo que pudo sembrar.

– Rondas, espirales y flashdance:

Corrompen en la pared, un par de zapatos rojos, corrompen, afirmados entre un paso y otro.

Se configuran cuerpos desde la ausencia, colgados para ser llenados, por figuras que están pero que, al menos, del todo no se ven. Por medio del artificio de la serendipia, se divierten de las casualidades que habitan entre ellas, lady Maruki y las damas de la noche.

En el aura mitológica que recorre el corazón de esta quimera, se alteran las verdades que traen los propios elementos que la componen. La personificación de una brisa impregnada por una luz violeta cambia las relaciones de los colores. Cambia y baña todo con una fina capa de su propia identidad. Impone su relación de luces y provoca nuevas sombras.

En Árboles en ronda, las obras de Maruki, atraviesan el espacio como fantasmas lúdicos, espectros que aparentan estar haciéndole frente a sus propios miedos. 

Risas incómodas, cortes arbitrarios, gestos irónicos, minucias sin principio ni final.

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