Hemorroísa

Por Lucía Nielsen y Ana Quintanilla

Dibujo por Lino Divas

— ¿Qué haces vos cuándo manchas tu sábana?

— Llevo un vaso lleno de agua y un jabón, si encuentro también una jabonera. Diviso la mancha roja, hago como un charquito, y la refriego con el jabón hasta que se esparce y aclara.

— Me acuerdo que una chica que me cogí una vez, acababa tanto que el novio le decía que iba a pudrir el colchón.

— Igual, lo de la sabana sólo lo hago si estoy con alguien, porque si estoy sola duermo encima. A lo sumo cuando me despierto la hago un bollito ahí abajo en diagonal. Me tiro en el colchón, doy un par de vueltas y cuando junto energías voy hasta el lavarropas y las meto. Me tiro en el colchón de vuelta y espero a que se termine el lavado, se seque y demás para volver a ponerlas.

— ¡Qué loco! Yo te juro que hago lo mismo, no pongo sabanas nuevas, sino siempre sábanas limpias

— y arrugadas…

Al entrar a Ungallery, distintos paños manchados de rosa nos invitan a recorrer con cautela el espacio desnivelado de la galería. La calidez de las telas colgadas nos remite a una tienda morisca, una superposición de velos de gasa pañalera que forman un refugio etéreo.

Al fondo el video iniciático. Cuanto más cerca del video más fuerte pareciera estar el cuerpo condensado. En la sala contigua, telas como colgajos llevan impresa la marca de la acción ilustrada en el video. A medida que una se aleja, se manifiesta menos la huella y más el roce. En este sentido el video funciona como una caja de resonancia magnética corpórea. Las telas absorben esta vibración, envuelven al cuerpo y rescatan su presencia.

Verónica, una mujer que conocimos al visitar la muestra, nos contó sobre Santa Verónica. La conoció a través de una foto que le mandó un amigo. En la selfie, se veía el paño que utiliza la Santa para secar los fluidos en la vía del mesías, los últimos momentos del camino recorrido hacia la crucificción. Un paño blanco manchado es testigo del padecimiento. Nos pusimos a investigar sobre Verónica. Se la menciona por primera vez en los Evangelios apócrifos, como la mujer a la que Jesús salva luego de manchar su vestido, sus paños, su silla, su banco con su flujo rojo. Aparece como la hemorroísa, una mujer con un “desarreglo menstrual”, considerado un sufrido padecimiento, signo de impureza espiritual en su tiempo. La mancha la perpetuó en la historia.

— Andamos rodeados de telas, pero con las sábanas es distinto. Absorben nuestro sueño, nuestra transpiración nocturna y mucho de nuestro sexos.

— Me levanto a la mañana con la marca de la tela en mi cara, pienso en las marcas que yo dejo en ella, pienso en My Bed.

— Claro, Tracey Emin se acordó de ellas. Una vez leí que dijo algo como “Cada vez que hago el amor siento que me crucifican”

La Embajada de Israel se encontró alguna vez en Arroyo 910. El 17 de marzo de 1992, tras una explosión, se destruye el edificio dejando 29 muertos y 242 heridos. En su lugar yace hoy una plaza memorial y al lado, Ungallery. Inevitable no asociar, la decisión urbanística de conmemorar que resuena como un estruendo en Material de Rescate. Fragmentos de paño cuelgan en memoria de donde una vez estuvo un cuerpo. Se replica el procedimiento de la memoria, se replica la formalidad del fragmento, se replica el objetivo de generar un continuum, una historia que recuerde nuestra memoria.

— ¿Viste que los camiones de los frigoríficos siempre están en balizas con las puertas abiertas?

— Blancos mostrando el rojo de la carne chorreando por todos lados, es algo realmente muy magnético.

Los colgajos inmersos en el cubo blanco resuenan y nos invitan a recordar.

mega888