Como un voyeur en vacaciones

¿Quién mira a quién cuando miramos un video? En Videoartista, la muestra de Juan Gabriel Miño en Moria Galería, las imágenes se multiplican, el montaje hace de las suyas y el espectador termina bastante más involucrado de lo que pensaba. Fran Stella se zambulle entre pantallas, cuerpos e identidades que no se quedan quietas y propone un recorrido donde mirar es apenas el comienzo y proyectar (cosas propias) parece inevitable.

Cuando crujen los edificios

Entre yeso, cemento y rayos, Maxi Murad levanta en Moria un edificio a punto de derrumbarse. En su reseña, Fran Stella lee la muestra como una arquitectura simbólica de lo político y lo social: una metáfora del colapso y del deseo de recomenzar entre los escombros. Entre la torre y la casa, entre lo que sostiene y lo que cede, el artista compone una pedagogía del derrumbe: el instante en que la materia se vuelve pensamiento y la herramienta —una tenaza, un gesto, una imagen— ofrece la posibilidad de ajustar o desarmar todo aquello que nos sostiene.

Retratos públicos

En la mirada de Fermín Vilela la iconografía presidencial se vuelve delirio pop y guerra simbólica. Javier Milei se multiplica en óleos, gigantografías y memes enmarcados, entre Napoleón en Fontainebleau y Wolverine de tapa. Este micro-ensayo advierte: no se trata de decoración kitsch ni capricho freak, sino de una estrategia meditada que recicla el viejo culto al líder en clave de cómic libertario. Los símbolos pesan, incomodan, revientan; y en Olivos, hoy, ya están escribiendo una grotesca historia del presente.

Un espejo que se desplaza a lo largo del camino

En Un lugar enorme, Julia Levstein convierte la vereda en escenario y el tránsito urbano en poema. Rosario y Ciudad de México se espejan en frottages, murales y libros gigantes que alteran la escala y desacomodan la mirada. En su reseña, Guadalupe Arriegue sigue esas cartografías mínimas y desmesuradas donde el realismo se vuelve acto de imaginación: un mapa gris, sórdido y enorme, como la poesía y la ciudad.

El paño de la libertad

En Monte Criollo, Marcela Sinclair convierte la galería Mite en una mesa de juego: un paisaje verde, brillante y precario donde el azar y la economía se confunden con el arte. Flor Cugat conversa con la artista sobre la timba como metáfora de la producción contemporánea, el riesgo de crear sin garantías y la apuesta —a veces mágica, a veces desesperada— de seguir haciendo arte en un país endeudado. Entre dados, naipes y recuerdos familiares, Sinclair revela que cada obra es también una jugada: un intento por cambiar el signo de lo que parece perdido.