Pablo Suárez: ardua tarea juntar tanto amor

por Mariana Cerviño

La muestra ya fue, es noticia vieja. Después de 10 años, desde la última que hizo Patricia Rizzo en el CCR y viajó al Castagnino en 2008, una antológica de Pablo Suárez logró capturar apenas unas monedas para ocupar una módica porción de la programación 2019 del MALBA. Más de cinco décadas de arte y vida a full no lograrán tampoco rebotar más allá de unos días en la prensa especializada ni en la de divulgación, una vez cerrada la exposición.

¿Alguien dijo: “trascendencia”?

Mucho trascendido y bambalinas en las jornadas donde desfilamos quienes creíamos que teníamos algo para agregar a una obra y un artista que hablaron siempre mucho, por sí mismos.

El título Narciso Plebeyo da qué pensar. Grandes conocedores de los vericuetos del artista, los acertados curadores ataron un sinfín de cabos sueltos y concluyeron muchas cosas, entre otras, que su personalidad era la de un “narciso” y que en su obra “prevalece lo plebeyo, como la perversión de la forma y síntoma de una cultura degradada, que se espeja en su biografía desclasada”. Lo que da qué pensar, o en realidad daría…si nos fuera permitido, es lo que tuvo en cuenta el procurador bonaerense en el caso Natacha Jaitt, cuando aseguró que la profusión de tanta «evidencia lineal hacia ese punto investigativo genera ciertas sospechas”. Me pasa lo mismo con PS. Miles de cámaras apuntando estratégicamente a sus coartadas, muchos testigos fieles incapaces de contradecirlo, diez años de entrevistas con su íntima amiga y conocedora de su obra de primera mano, Laura Batkis se ofrecen al lector en el catálogo como pruebas irrefutables, y un cadáver, su obra, que es una linterna apuntando hacia el sentido, nos dejan ciertamente un escaso margen para la sospecha. Y sin embargo…

La muestra fue producto un poco del azar y un poco de la voluntad. Parece ser que una exposición de Lucio Fontana se vio frustrada por los altos costos de los seguros que el empresario Eduardo Constantini no pudo afrontar, pobre. En su lugar, la de Suárez vino a cubrir el bache.

Jimena Ferreiro y Rafael Cippolini pusieron vapores a toda marcha, escribieron, eligieron, contactaron amigos, coleccionistas y sacaron la muestra de la galera. Galeras de magos, realmente. Comprometidos con este trabajo a fondo, se lo plantean en el texto de presentación, sin embargo, con precaución, como un capítulo más en la aproximación a este gran artista, un inicio, un impulso, que traerá nuevas y más investigaciones. ¿Será?

El espurio comienzo produjo resquemores. Su amigo, hermano, Roberto Jacoby, sólo se hizo presente en el lastminute a través de un mensaje de Whatsapp enviado a Kiwi Sainz donde le decía que Suárez había pensado una acción (¿se diría happening en esa época?) que consistía en arrojar flechas con fuego a la embajada norteamericana. Dejó saber que hubo reuniones de ellos dos con David Viñas para confabular sobre la logística. Después alguna otra cosa los ocupó y no se hizo. “Era dinamita”, decía el mensaje con un emoji. Kiwi lo leyó en voz alta, pero el comentario pasó desapercibido por la concurrencia, agotada de emoción, arrollada por el carisma fulgurante del machote bi, según se dijo, aunque no sé.

Para quien mira con sus ojos, a pesar de lo enorme –un montón de obra, de prensa y de espectadores-, el evento no hizo justicia al desproporcionado Suárez. Mientras hay quienes con veinti o treinti ya tienen sus propios libros, al de Suárez todavía lo estamos esperando. ¿Sorprende?

Cuántas horas, días, meses, años, demandaría una investigación seria sobre alguien tan profundo, tan complejo, que atravesó décadas y más décadas. Es mucho más fácil escribir un ensayo sobre un artista “de los ochenta” o “de los noventa”. O sobre alguien que pueda ser ubicado en la teoría tal o cual, en la tendencia equis. O que haya vivido menos años, menos cosas, menos intensamente. Que no haya pensado ni hablado tanto, ¡te lo pido! Que no haya enamorado a diestra y siniestra, ardua tarea juntar tanto amor.

Si todo cae en saco roto, si hay saltos gigantes de años y años entre una muestra y otra, es porque tenemos un país que le queda chico a Suárez (¿qué espera al resto? mejor ni pensarlo), que a pesar de ser un artista de la misma o mayor escala, sus instituciones son incapaces de transformarlo en un Berni.

Berni tuvo de su lado a las instituciones culturales cuando éstas eran todavía poderosas. Es cierto que él mismo se encargó de tejer esas alianzas durante toda su vida, mientras que Suárez hizo todo lo contrario. Desde el PC hasta el gobierno de facto de Pedro Pablo Ramírez, incluso el de la última dictadura y el de Alfonsín, todos conspiraron hacia la construcción de Berni como El artista argentino. Algunas décadas más tarde, ante un artista de tamaña consagración, gigante artista e intelectual, no tenemos plata para sostenerlo, no tenemos ganas de complicarnos, no tenemos tiempo para detenernos. Somos esto que está pasando.

 

 

2 comentarios en “Pablo Suárez: ardua tarea juntar tanto amor

  • el 6 marzo, 2019 a las 6:15 pm
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    Siempre se cierran y se abren puertas, muy buena la nota, se junta con el coraje de Pablo. Aplausos

  • el 15 abril, 2019 a las 12:44 pm
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    Horacio, ahora también respondemos comentarios. Gracias por leernos!

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