Noticias de Mañana, ¡extra! ¡extra!

por Pilar Otero

dibujo por Kmi Koni

En un volantazo fuera del tiempo me tomé un micro a Mar del Plata. Cuando saqué el pasaje era sábado y en Buenos Aires hacían 45 grados, rebotado contra el cemento se sentían como 60. El intenso calor dejaba al momento en suspensión, en otro mundo,  otro presente, una realidad alternativa o nueva o fundante o en una próximidad a su fin.

Luego de 6 horas exactas de atravesar la matriz espacio-tiempo desde Retiro hasta la terminal de ómnibus de Mar del Plata, lo primero que quise hacer cuando llegué fue meterme al mar bajo el sol picante de febrero.  Al rato una tormenta negra cubrió todo mientras estábamos en la playa. Llovió con truenos, intensamente, desde la tarde hasta el día siguiente. Y del verano se pasó a un posible invierno, en solo cuestión de horas. 

Esa misma noche Tuturú de Kami Koni llegaba a su ¿fin? (¿puede tener fin una premonición?) en el Museo del Mar. Hace unas semanas escuché a la autora norteamericana Anne Boyer decir que la literatura tiene la habilidad de crear mundos posibles. Pienso que en lugar de literatura, los mundos posibles pueden inventarse a través de todo aquello que construya un relato de mundos posibles. Nuevas escenarios y fantasías que narran e imaginan, y al mismo tiempo que imaginan, crean.  

Tuturú es un relato sin línea temporal, premonitorio y fantasioso. Funciona como un universo entero y funciona también como un muestrario, una punta de lanza de un universo mostrado apenas.

La sala es rosa. No hay un orden propuesto pero intuitivamente recorro primero la catarata de plástico, musgo, látex, biolatex y otros materiales inertes y orgánicos que cuelgan de una de las paredes. Podría ser agua o líquido cayendo, podrían ser lianas o una selva frondosa. No solo hay distintos materiales de distintos orígenes, sino también distintos brillos. De un musgo o un pedazo de tierra pegado sobre nylon azul emerge un cactus, verde y sano, completamente vivo. “Mientras todo se pudre” dice Diana Aisenberg en el texto que acompaña, Tuturú emerge, me permito completar.

Un poco más adelante, en una esquina, salvia fluorescente sale de la pared y se incrusta en el piso. Parece lava, parece un árbol derramando resina, parece un derrame químico. En Tuturú todo parece y nada es. Porque todo es inventado y nuevo, y también, todo antes fue otra cosa. Después vi el refugio, pero ahí voy a entrar más tarde.

Poso los ojos sobre una pared que bautizo el rincón de los utensilios. Cuelgan herramientas inventadas para un futuro-pasado- presente inventado. Son tres. Podrían ser también varitas mágicas, cetros de poder e invocación, y también martillos, pinzas, cuchillos. Podrían ser. Tienen forma también de flechas y están hechas de madera, tela, maple de huevos, cartón, cuerda, entre otras cosas.

Luego hay tres girasoles rosas con centro de semillas y pétalos de ¿plástico? rosas. Dos emergen del piso y el restante flota. Son una planta que todavía no existe, o existe en Tuturú. Veo las tres flores con su tallo largo y sus texturas de pintura y resina y entiendo que no son las únicas, que en algún lado hay más. Aunque nunca las había visto.

En la pared hay un grafitti pegote que dice Tuturú y otro que dibuja una mariposa. Parece moco o brea blanca.

La única figura parecida a un humano es Abi, un apicultora lista para recoger miel y también recoger químicos tóxicos. Abi es alta y está parada, le cuelga de atrás un rabo verde. Su ropa es ramas y hojas  y también de bolsas de semillas. Tiene una máscara de fumigadora y un sombrero ancho y grande.

Kami nos invita al refugio de Tuturú. Es una estructura de adobe y cañas, que adentro contiene yuyos y tres dibujos. Tiene un cartel de prohibido pasar que me recuerda por un momento que estamos en un museo y no en otro mundo. Pero no le hacemos caso. Suena una pieza músical compuesta por Cybermission para la ocasión. La música es concordante con el mundo en potencia exhibido fuera del refugio: una mezcla de materiales orgánicos e inorgánicos, fundidos e interpretados como uno, en una danza tan equilibrada como disparatada, con momentos alegres y algunos momentos oscuros. Dentro del refugio hace más calor aún que en el resto del museo, en el museo la calefacción emula un verano, aunque afuera es verano pero parece invierno, a pesar de que ayer parecía el más caluroso de los veranos y ahora el cielo se cae a tormentazos.

En el refugio hacemos una ceremonia de tés de fantasía. El calor, el té y la música hacen a los presentes entrar en un trance. Y luego ocurre algo que me deja perpleja, más perpleja de lo que estaba (quizá porque en un mundo posible a mi me gusta también imaginar qué lugar tendrán las palabritas) Kami nos invita a compartir espontáneamente poemas, y entonces, la magia: una serie de textos, canciones y aforismos que señalan al mismo vórtice ¿Qué es el tiempo? ¿Podemos estar de acuerdo ya que el tiempo no es lineal? También hubo un RKT compuesto para la ocasión, la música nacional del futuro dicen, o del presente, quien sabe. 

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