miércoles, julio 17, 2024
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Excursiones al chino (II)

por Javier Mina Lesa

Querido diario:
En el súper pusieron una mesa cuadrada, petisa, en el costado que da a la baranda que da a la rampa que baja al estacionamiento, y de cada lado agregaron dos sillones de esos que están hechos con palets. Se siente la intensión de ser cool pero no es más que un sentimiento, el resultado da otra cosa. ¿Será por las plantas que pusieron entre la baranda y la mesa, o atrás de los sillones? Mirá que hasta parecen de verdad. ¿Será que son bastantes y están todas reunidas en esa especie de isla dentro del súper? ¿O serán los dos termos con té y café que hay en la mesa demasiado grande junto a algunos vasitos de plástico y una bandeja con pepas de saturno?

Mamá suele mandarme al súper a la mañana, que va menos gente. La mayoría son jubilados. El ritmo es aceptable, porque a la noche no se puede pasear tranquilo por las góndolas eligiendo exactamente lo que se quiere llevar, hay que ir listo para agarrar lo que ya sabés qué és y salir disparando hasta la caja antes de que llegue otro antes que vos. Porque se trata de changos que soportan la compra de un mes, no como a la mañana, que lo que soportan es más bien el peso del viejo que llevan y algún pancito, un par de papas, un jabón.

En uno de los sillones suele estar un hombre grande. Sí, enorme y viejo. Tiene el pelo blanco, largo, que le asoma de la gorra y una barba larga un poquito amarronada en los bordes de la boca. Al principio se sentaba en la puntita del asiento, pero con el tiempo hasta llegó a apoyar los brazos en el respaldo y cruzar las piernas mientras disfrutaba del desayuno leyendo un diario.

El hombre también supo apreciar las bondades del súper en el mundial. Habían hecho una especie de tribuna, también de palets, en frente de las pantallas a la venta que sintonizaban los partidos. Al principio se quedaba apoyado en los extremos de la tribuna, pero de a poco fue sentándose en la puntita hasta que al final ya se recostaba en los tablones. Se miró así todo el mundial, de punta a punta. Incluso se lo veía masticar algunas magdalenas que me imagino que pagaría a la salida, no sé.

Hoy justamente no había gente sentada a la mesa pero había una botella de vino tinto. Cerrada. ¿Nos estarían invitando con eso también? ¿O habría sido un error? ¿Tal vez alguien se la habría olvidado? Por las dudas miré si había un destapacorchos y no, así por arriba no se veía nada. Lástima.

Besitos, Javi.

 

 

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