Excursiones al chino (I)

por Sebastián Morfes

Hay una cita que alguna vez leí en un póster. Se la atribuyen a Lenin y dice que «sin disciplina no hay arte». Hay muchas posibilidades de que sea la apropiación de algún inescrupuloso para vender marquetería. Empero los invito a pensar en vez de disciplina en hábitos. Y para introducir un tema que no precisa presentación agregaría que la inflación es, entre otras tantas cosas,  una destructora de hábitos. Sin hábitos, sin repetición, sin sobreponerse al tedio de enfrentarnos todo el tiempo a lo mismo no hay oficios, no hay cultura, y claro no hay arte.

Más allá que como pueblo tengamos un ideario de lo que es la inflación en los supermercados. Esos remarcadores mecánicos que tapan un precio con otro. El libro de Ral Veroni ya hizo obras sobre billetes que eran confidentes de nuestros deseos más íntimos de consumo. Eran porque los billetes sobre los que RV serigrafiaba mensajes que la historia dejaban en esas esquelas estaban fuera de circulación, fuera de pista. Y en la emisión de una nueva referencia monetaria estos viejos billetes tenían algo que seguir comunicando.

Incluso yo mismo creo tener mi mito de esta humana tormenta. Arranca hace varias décadas, tengo como 12 o 13 años. Creo que yo no podría haber sido furiosamente antimenemista en serio antes de los 14. Mi preadolescencia es el odio al presidente y en la radio repiten «mil años de esto antes que un segundo de dictadura militar». En aquella tormenta se ofrece el cordero Erman Gonzalez, chain smoker, cantor y petimetre a la batalla de la deuda y la inflación. Juan Domingo Cavallo, sabemos, pasea frente a las tropas con el plan del peso convertible. Cede el grueso de la furia inflacionaria y en esas cenizas otros demonios se crían. Eso parecería ser motivo de otra entrada. En esos años hay otro reajuste y no es monetario. El periodista de una señal audiovisual recién concedida a un grupo privado, Bernardo Neustadt, usa un jingle que está en loop en el corazón de los latambolches. «Cambia, todo cambia» en la voz de Mercedes Sosa.

La letra que hablaba de los sacudones que daba la historia el tándem popular de economía planificada hoy desgrana los acordes de la disolución de ese estado en estado de pregunta. No solo el valor de la moneda cambia, cambian las referencias culturales y la cultura de los pueblos empiezan a desarrollarse «naturalmente» como si naturaleza fuese el fuego. Heráclito es también argentino.

Días con sus mañanas y tardes exiliados en las publicaciones financieras de bajo alcance de fuego. Mirando cómo se mueve el valor del dólar, leyendo sobre las tasas voladoras de EEUU, haciendo cuentas con plata que no tenemos; creyendo que el  espectáculo precapitalista de los conjuros y los coeficientes puede cambiar el rumbo del ejército pesado de la economía y las inversiones.

Con el cerebro a la temperatura del corazón.

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