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Día de la primavera

por Javier Mina Lesa

21 de septiembre de 2018

Querido diario,

Nos vamos de picnic porque es el día de la primavera. Mamá lleva unas bolsas atadas a la cintura y Tióscar se puso las antiparras. Yo me inventé una escafandra para poder tirarme tranquilo por la cascada.

Los miro tirarse y yo no me animo, pero cuando veo que asoman por entre la espuma sonrientes disfrutando de antemano del asadito que planeamos hacer me vuelvo temerario y vuelo hecho un bollo hasta sumergirme más de lo que hubiera preferido.

A mamá le cuesta tanto como a mí nadar hasta la orilla. Nos damos ánimos mutuamente mientras vemos que Tióscar ya está prendiendo unos palitos.

Llegamos arrastrándonos penosamente. Tióscar ya tiene el fueguito listo y desata las bolsas de la cintura de mamá que descansa desparramada al sol como un lobo marino. Tenemos todo para una jornada inolvidable. Destapamos el espumante para brindar mientras vemos cómo se van juntando unas nubecitas en el cielo.

Tióscar improvisa una antorcha y camina por la ladera de algo así como una montaña buscando un lugar propicio para seguir cocinando. Desde arriba nos chifla y hace señas de que juntemos todo. Sentimos las gotitas que empiezan a caer en nuestras espaldas, subimos trabajosamente.

Cuando llegamos, mientras jadeamos y nos hacemos gestos aprobatorios por la gran hazaña, Tióscar nos dice que atrás de unas rocas grandes parece haber unos carritos y una vía, que parece ser el trencito turístico que funcionó hasta hace algunos años, justo antes de que empezáramos a ser colonia. Tióscar siempre nos cuenta la historia de cada cosa, le encanta, pero esta vez no lo escuchamos porque llueve a cántaros y estamos empapados. Se apagó la antorcha.

Nos metemos como podemos cada uno en un carrito. Tióscar, sin dejar de hablar, nos va empujando. La bajada es tremenda y en el camino veo cómo una de las bolsas de mamá sale disparada para un costado. Solo espero que no sea la bolsa de los dulces.

Llegamos a un lugar oscuro, llano y francamente peor que en el que estábamos. Llueve. Imposible hacer un asadito. Y para colmo nos quedamos sin postre.

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