Adelante es el único lugar adonde ir

por Gastón Pérsico
ilustraciones Muriel Bellini

Roca de repollo. Piedra arrepollada. Posibles formas de traducir el término con que la prensa musical británica nombró a parte de la música que se estaba produciendo en distintas ciudades de Alemania a fines de los 60 y comienzos de los 70. Si en su momento el nombre tenía un contenido peyorativo (kraut significa repollo y era una de las formas despectivas de llamar a los alemanes en la Segunda Guerra), nuestra particular traducción castellana evoca una serie de imágenes adecuada para describir el «género». La dureza y consistencia de una roca, su solidez, la capacidad de agrupar bajo una misma denominación una diversidad de tamaños, texturas, pesos y colores, en combinación con lo compacto del repollo, su sucesión de capas, sus recovecos –una metáfora híbrida de las variedades musicales que se clasificaron bajo la denominación de krautrock.

Los jóvenes de la Alemania de fines de los 60 crecieron en un país al que sus padres tuvieron que levantar de las ruinas de la guerra. Como la economía prosperaba, la tarea que se encomendaron para sí fue la de reconstruir una cultura. La ayuda económica norteamericana de posguerra acarreó una avanzada cultural que sirvió como punto de partida para nuevas propuestas musicales. Buscando restablecer una identidad propia a partir del distanciamiento del formato blues/rock norteamericano y fusionando de forma experimental e innovadora elementos tomados de la psicodelia, el jazz, el funk, la música contemporánea y la electrónica, surgieron en distintas ciudades de Alemania bandas inclasificables que se proponían sencillamente empezar todo de nuevo. Según Dieter Moebius, de Cluster: «Estábamos todos cansados de escuchar mala música alemana e imitaciones de la música norteamericana. Algo tenía que cambiar».

En un panorama musical dominado ampliamente por el mercado anglosajón, es la prensa especializada británica quien propaga el krautrock. Si en su momento fue prácticamente ignorado, desde fines de los 70 en adelante tomaría la forma con la que se lo conoció póstuma e internacionalmente: como influencia. El post-punk, el ambient, la música electrónica, el post-rock, el techno, el hip-hop –es decir, gran parte de la música de los últimos 30 años–, llevan repollo en su ADN.

Future Days, el exhaustivo libro de David Stubbs sobre krautrock, comienza con un concierto transmitido por la televisión alemana en 1970. Como investigador minucioso que es, Stubbs recurrió a «contactos de contactos» para lograr tener acceso a esas cintas archivadas de la WDR y nunca vueltas a emitir. Se trataba de un encuentro en la ciudad de Soest donde tocaron Can y Kraftwerk para un público azorado, por momentos inquieto, curioso o hasta aburrido. A modo de introducción, la descripción no podría ser más acertada: el clima, los sonidos, zumbidos, los movimientos catárticos de los músicos, el comportamiento del público, las particularidades de los instrumentos, todo está narrado con sumo detalle para lograr hacer testigo al lector. Actualmente los conciertos están disponibles en youtube –como casi todos los discos que se mencionan en el libro–, y además de ser una buena puesta en sintonía, permiten corroborar que el autor está lejos de mitificar un hecho del pasado.

«Esta es, por supuesto, mi propia interpretación. Lo que hago es un poco como encontrarle un significado no intencionado a las manchas de tinta de un test de Rorschach instrumental», dice a modo de justificación ante la manera en que analiza cada disco. Acompañados por su sinceridad, nos zambullimos en las más de 400 páginas siguientes.

«¿Cómo podría una misma palabra encerrar las piezas de música ambient sideral y extrema de Ash Ra Tempel y los pesados collages industriales de Faust? ¿La fingida placidez burguesa de Kraftwerk y la agitación enfurecida y caótica de Amon Düül? ¿Las alturas eclesiásticas de Popol Vuh y las profundidades sacrílegas de Can? ¿El sonido extremo, sofocante y maximalista de Kluster y la belleza despojada del ambient horticultural de Cluster?», se pregunta Stubbs en un intento de definir el krautrock. Bajo esta etiqueta inglesa quedaron agrupadas bandas que en sí mismas no constituían un género o movimiento. A pesar del eclecticismo sonoro, encontramos algunas características compartidas: la fusión del rock con elementos de la electrónica, psicodélicos o progresivos; ideas del jazz experimental, el free jazz, la música clásica contemporánea. También el empleo de sintetizadores, sonidos procesados y filtrados mediante modificaciones en los instrumentos o equipos, el uso del estudio como un instrumento musical, el collage y la edición fueron recursos representativos, además de la inclusión de instrumentos «no convencionales» (Faust incluía en su arsenal una mezcladora de cemento y bloques de hormigón).

Dos ideas de la época aparecen combinadas en su estructura: la repetición minimalista y maquinal en combinación/contraposición a la improvisación libre y anárquica.

Brian Eno, admirador confeso del krautrock –llegó a declarar que Harmonia era «la banda más importante del mundo»–, ideó el concepto de scenius para referirse al pensamiento y la creación colectivos. Scenius (una combinación de las palabras genio y escena en inglés) puede ser aplicable para el contexto de este libro –y en verdad para cualquier otro también–.

«Cuando era un estudiante de arte, como todos los estudiantes de arte, fui alentado a creer que hubo unas pocas grandes figuras como Picasso, Kandinsky, Rembrandt, Giotto y otros, que aparecían de la nada y producían una revolución artística. A medida que miraba más y más arte, descubrí que esa no era una percepción verdadera. Lo que realmente pasaba era que en ocasiones surgían escenas muy fértiles que involucraban a muchas personas –artistas, coleccionistas, curadores, pensadores, teóricos, personajes a la moda que sabían qué cosas tenían onda– todo tipo de personas que creaban una suerte de ecología del talento. Y de esta ecología surgían algunos trabajos maravillosos. El período en que estaba particularmente interesado, la Revolución Rusa, lo muestra extremadamente bien. Esos pocos individuos que sobrevivieron en la historia fueron llamados genios. Pero lo que yo creía interesante era el hecho de que todos ellos surgían de una escena que era muy fértil y muy inteligente. Así que inventé esta palabra, scenius, que es la inteligencia de todo un grupo de personas. Y creo que realmente es una manera más útil de pensar la cultura. Olvidemos la idea de genio por un momento, pensemos en una ecología completa de ideas que dan lugar a buenos y nuevos pensamientos y trabajos».

 

Future Days es una lectura indispensable para todos aquellos con ganas de descubrir  –o conocer mejor– una escena musical experimental de hace casi medio siglo, lo que se escuchaba en días pasados pero sobre todo para vislumbrar el sonido de los días futuros, todos los que quedan por venir.

 

Future Days. El krautrock y la construcción de la Alemania moderna.
David Stubbs
Caja Negra, 2015

*El título de esta nota está tomado de una frase de David Stubbs
refiriéndose al tema E-Musik de Neu!

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