Los haceres del tiempo y sus variaciones

Por Jimena Ferreiro

Dibujo por Valeria Maggi

Buenos Aires, 2 de octubre de 2021 

Hola Vale, 

Hace tiempo que quiero escribir una carta. Sé que suena un poco extravagante y fetichista, y aun así me gusta la idea. Quizás porque nunca más lo hice, otro poco porque soy fan de Puig; pero sobre todo porque en este proceso de trabajo juntas nos cruzamos por zoom, chat, mail, por IG, y estuvimos la mayor parte del tiempo muy lejos físicamente la una de la otra. Viajamos, después nos encontramos, hablamos de muchas cosas todas juntas, audios, textos, y sorprendentemente todo se encadenó con total familiaridad. Me da confianza sentirlo, porque a partir de allí estoy segura que el arte acontece. 

Hicimos una exposición a la distancia y esta carta sigue ficcionalizando una lejanía que se volvió proximidad afectiva y empatía. Me dijiste que es imposible irse muy lejos de uno mismo y ahora entiendo por qué te escribo una carta, porque es de todas las escrituras posibles, la más íntima y la más confesional. Un texto del yo, un puente para acercar posiciones, una forma privada que compartimos. Una subjetividad que se derrama en otrxs: ¿eso no es acaso una exposición? 

“Ya sé que es como un espejo (…) Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos…”, dice uno de los pasajes más conmovedores de Rayuela. Hace rato que no cito a Cortázar (e incluso me parece kitsch hacerlo). No entiendo si hace sentido pero confío en que por algo apareció en esta noche de desvelo. Cuando te conté que el texto tendría esta forma me dijiste: “ah, perfecto, la escala humana de la carta”. Entonces la carta es un cuerpo, como lo son las obras, y por eso les hablo a ellas tanto como a vos. Pero vos tampoco te quedás muy quieta, y sos Vale y al rato sos un “neno” disfrazado de obrero de la construcción, un chongo de oficios, un hacedor capaz de levantar grandes pesos, pulir, soldar, enhebrar bloques enormes de piedra pómez y emprender un viaje telúrico bordeando las formas como si dibujaras para luego maquillarlas con colores pasteles y ponerle un poco de brillantina. Lo folklórico, el estilo “NOA” carnavalizado, los espíritus, los clichés de la norma, la intensidad tucumana y Atahualpa Yupanqui, poeta infinito. ¡Qué felicidad me dio cuando confesamos nuestro gusto por la música folklórica! las grabaciones de los 60 son imbatibles, Mercedes joven, su pelo negro y la voz más potente del mundo. La escucho y lloro todas las veces. 

“De lo antiguo y lo de siempre” podría haber sido un título para esta exposición. Me gusta rescatarlo del olvido porque está cerca de tu casa, y de esos menhires medio travestis que produjiste en tiempo record. Eso también era parte de la obra: vencer las limitaciones físicas, volverse piedra y herramienta. Me conmueve pensar en que estos bloques están hechos de tiempo, que son tiempo y memoria del paisaje. Al final el mundo está poseído y todo es animista. 

Hagamos un epistolario así nuestra escritura también se vuelve tiempo y nosotrxs nos camuflamos un poco en el mientras tanto. Espero tu respuesta. No tardes. 

Un beso, 

Jimena 

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