GUTEN FLASHER!

Por Leopoldo Estol

Sí, parece ciencia ficción, el proyecto de intercambio intercontinental que lxs editores de esta noble publicación tramaron junto a Olga Vostretsova e Yvonne Anders, después de haber sido pospuesto tres veces desde 2020, tendrá lugar en Leipzig en julio de 2021.

¿Por qué estamos aquí? En marzo del 2019 Olga Vostretsova y Kristina Semenova, visitaron nuestra redacción, que por ese entonces tenía domicilio en el espacio de Proa21. Cómo fraguan las colaboraciones que tienen océanos de por medio es toda una quimera, pero quizás haya algo en nuestra historia que nos una. Olga nació en Novosibirsk, una ciudad ubicada en el centro de Rusia que está en Siberia y ante la ausencia de espacios de arte se decidió por estudiar literatura. Habla un español pausado que dice intuir desde adentro y confiesa haber sentido atracción por nuestra lengua por primera vez gracias a la lectura de la poesía de Garcia Lorca en ruso. Trabajó para el Goethe-Institute de Moscú y desde el año 2013 es curadora y docente de arte en Leipzig. Yvonne Anders también comparte con Olga el recuerdo de niñas que observaron el estupor de sus padres y madres ante la caída del orden soviético. Yvonne recuerda que fueron tiempos difíciles en Dresde, su ciudad natal. “Recuerdo que mi papá estaba viendo por televisión cómo caía el muro y el espíritu no era para nada festivo, en su lugar un gran silencio se impuso”. 

Yvonne y Olga vivieron su adolescencia durante los 90 cuando de pronto los pueblos del Este europeo tuvieron que aprender otra forma de vida, esos años tienen un sabor agridulce, porque si bien la economía ya daba indicios de que las cosas no funcionaban, la irrupción del libre mercado también trajo violencia. Algunos amigos cifraron la crisis de esos años en el alcohol, otros murieron bajo los efectos de drogas demasiado extrañas. Yvonne, que viene de algunos años de gestionar un programa bastante experimental en una simpática cabaña en el centro de Leipzig llamada Praline, reconoce que los años posteriores a la caída del bloque del Este tuvieron también oportunidades inéditas para los youngsters; por ejemplo, a ella que tenía apenas veinte años se le abrieron las puertas de una colosal vivienda deshabitada en la cual pagando un alquiler muy bajo por un departamento, podía hacer uso de cientos de metros de apartamentos contiguos deshabitados donde promovió lecturas, recitales y muestras. 

Mientras tanto algunos editores del Flasherito nos aclimatamos a un verano incipiente en un departamento de techos altos en el barrio Anger-Crottendorf de Leipzig, donde contamos los días antes de un nuevo hisopado. Seguimos de cerca la escena porteña y escribimos, miramos por la ventana un jardín donde se hacen fogatas y huertos así como se observa algún edificio abandonado, signo de lo que en otro tiempo fue un humeante entorno fabril. Leipzig tiene un pasado fascinante, con una industria que se sostuvo en auge desde el siglo XIX hasta la República de Weimar. Después de la guerra y de la división de Alemania, en los cincuentas y sesentas, fue una zona que promovió la migración de trabajadores por sus yacimientos de carbón y esto se puede ver en un rápido paseo en auto: no solo en la ex-minas hoy convertidas en lagos o en las antiguas líneas férreas que se vuelven parques lineales sino también en la gran cantidad de viviendas colectivas construidas con paneles, muchas de ellas previas al socialismo. 

Tal vez haya una mirada romántica al preguntar a nuestras anfitrionas por sus historias personales en aquellos últimos días de la RDA y del orden soviético, tal vez haya un sustrato común cuando las vidas se sacuden con miedo a perderlo todo y los tejidos sociales crujen. Ya suena a cantinela decir que en Argentina un tipo de sensibilidad distinto se forjó alrededor de la crisis del 2001, así como la idea de que para superar los dilemas personales hace falta capacidad de organización colectiva pero todo esto de viajar miles de kilómetros para contarle a otras personas de qué se trata flasherito nos renueva. Y si algo nos sorprende de estar aquí no es solo el paisaje, el cambio de estación sino la perseverancia de dos células de autogestión que aún en un mundo paranoico por el virus, logran concretar sus planes. 

Una condición inherente al ser artista en la contemporaneidad tiene que ver con eso, ¿no?, con la posibilidad de desplazarnos. A veces se trataría como las semillas de los árboles de aprovechar un viento favorable y adherirnos a una entelequia mayor: el pelaje de un animal que pasó raudo, el pantalón de un ser humano o alguna aeronave con sus bodegas colmadas de bandejitas (¿chicken or pasta?) que hagan del kilometraje algo más llevadero. Con la llegada de la pandemia nos acostumbramos a una nueva era de lo estrictamente local. Tal vez por eso decidimos hacer un fanzine que mostrara nuestras experiencias como artistas de dos ciudades lejanas que ahora parecen más cercanas.

En mayo de este año salió fresco de imprenta en español y alemán “La suma de las páginas/ Die Summe der Seiten”. La edición de 120 ejemplares consta de pliegos sueltos individuales en formato A3 que funciona a la vez como periódico, muestra y manual de instrucciones sobre un tema central: el vagabundeo como experiencia cultural. Vinimos a lanzar esta publicación en la primera semana de julio en compañía de nuestros colegas leipzenses. Para eso planeamos formatos al aire libre: paseos, lecturas en plazas y exhibiciones pop-up con instituciones amigas. Nos alegraría que nuestros amigues argentines estuvieran acá para acompañarnos, pero de algún modo sentimos que están. Esperemos que el ruido de nuestros pasos por las calles de esta ciudad lleguen también a sus oídos.


Un agradecimiento especial para
Lenny Liffschitz, Pepo Scioli y Sofía Reitter
por sus textos para el fanzine,
para Rubén Zerrizuela por el diseño
y también gracias a
Andreas Spur por hospedarnos.

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