El portal de la escucha

Por Pepo Scioli y Tom Werth

Dibujo por Marcelo Pombo

 “¿Qué cosa más política hay que la pregunta por cómo se distribuyen los recursos del Estado?” escupe Flor Curci en la vereda y responde de inmediato: “Pocas”. En la calle Riobamba al 985 existe un portal que hace la pregunta por la escucha. ¿Cómo estar un momento juntos a partir de esta acción? ¿Qué tipo de encuentros se dan y qué esfuerzos son requeridos? En esto trabajan Florencia Curci, Javier Areal Vélez, Martin Sandoval, Julia Rossetti, Simon Pérez, Belén Eleicegui y Susana Maresca, parte del equipo que hacen posible al Centro de Arte Sonoro (a partir de ahora CASo) al cual describen como una ficción, una puesta en escena, dentro del Ministerio de Cultura. El proyecto empezó en lo que fue Casa Tomada¹, un proyecto en la Casa del Bicentenario curado por Valeria Gonzalez en donde se contrataba a unx artista para que ocupe el espacio y  haga sus investigaciones por un tiempo determinado. La ficción consistía en que la casa no estaba «realmente» tomada. La relevancia se daba no al nivel de realidad de la toma, sino al nivel del qué se podía hacer y cómo se podía transformar un museo, bajo esa premisa. Este proyecto fue desalojado antes de tiempo por las autoridades de la entonces Secretaria de Cultura, meses después se fundó el CASo.

    Nuestro interés fue la reciente creación de la Radio CASo. El contexto pandémico habilitó esta posibilidad para el CASo, ya que mantener una radio si tenés que organizar muestras, programar conciertos, es imposible. Una característica de la radio CASo es que no está en ninguna plataforma digital (Spotify, Youtube), porque como el contenido se realiza vía una institución del Estado, no puede ser subido a páginas que no sean del mismo; una cuestión de soberanía. Esto hace que los programas se transmitan a la hora que se indica en el cronograma y eso es todo. Un hecho que va en contra de la famosa oferta de “lo que querés, cuando querés”; si te lo perdiste, te lo perdiste, ya fue. 

   La radio emancipó al CASo de un espacio físico particular que es la Casa del Bicentenario y trajo cosas inesperadas. La ampliación de la cantidad de público que antes asistía a escuchar un disco y la que hoy puede sintonizar el mismo disco pero en la radio es totalmente diferente. La radio amplifica y deslocaliza la audiencia, y no solo la audiencia sino también la participación porque se transmite 24hs todos los días y la transmisión puede darse desde cualquier lugar que tenga internet. Se podría hablar de un CASo sin cuerpo, pero creemos que sería propicio hablar de un cuerpo radiofónico y entender las posibilidades que nos puede abrir. Si bien la radio, al momento de sintonizarla, no nos invita directamente como espectadores a intervenir, forma de manera directa y poco pretenciosa una situación compartida entre les oyentes. Se comparte el momento de escuchar.

 Hoy en día, no existe tanto registro de la cultura del radioarte, mayormente asociado con la poesía sonora. Es en este sentido, que desde el CASo intentan contribuir a expandir de a poquito ese campo de expresiones. La cultura radiofónica es algo bastante transversal y la radio es una herramienta muy masiva para repensar el arte sonoro. “Todo el mundo escuchó radio, o le contaron de la radio, entonces quizás no hay algo de arte sonoro que te interpele pero sí de la radio. No sé si es una herramienta que sabemos utilizar del todo, pero hay algo ahí. Las personas mandan lo que hacen y eso resulta un acercamiento interesante.” 

 Es en esta vía que se ubica PAN: Panorama de Audioexperimentación Nacional, un proyecto que nació a raíz de la respuesta que recibió la radio de las distintas provincias con la intención de armar una cartografía de la experimentación sonora a nivel nacional. Por cada provincia se comisionó un programa a unx artista o grupo de artistas para que seleccionen trabajos. El hecho de que el término audioexperimentación funcione como un parangón amplio dio como resultado un mapa sumamente deforme y diverso, donde se ve alterada la geografía misma del país: ¿Puede una simple avenida ser más incruzable que una cordillera? 

   A este tipo de proyectos se les suman también diferentes convocatorias abiertas como las de “paisaje sonoro” y de “música psicodélica”, la invitación a narrar via audio una descripción de la bandera del lugar donde vivís para que otra persona la dibuje conmemorando el Día de la Bandera, o la pasada de recetas de guisos y locros postpatrióticos de Latinoamérica, donde artistas de diferentes países se pasaron recetas locales de “comida de olla” para que sean cocinadas y escuchadas en otro país, usando micrófonos piezoeléctricos forrados en papel aluminio que transmitían amplificadas las sonoridades que emanaba las ollas durante las cocciones. Se deja ver en estas propuestas una intención de armar red o bien apropiarse de las redes que armamos privilegiando a la escucha como modo de acercamiento.

 En línea con el concepto de red, Emergencia y Nostalgia. Gráficas y Grafías en la experimentación sonora, la última muestra realizada en el espacio físico de la calle Riobamba curada por Florencia Curci, Alma Laprida y Martín Sandoval mostró cómo bajo el término de audioexperimentación se relacionan: la partituras gráficas y experimentación realizadas por el Centro de Música Experimental (CME) de la Escuela de Artes de la Universidad de Córdoba (1965-1970) y el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM) del Instituto Di Tella, con expresiones de la escena punk-experimental argentina nacida en los fines de los ochentas y principios de los noventas bajo el lema do it yourself, al hardware hacking -la creación e intervención de circuitos electrónicos- a finales de la primera década del nuevo milenio y hasta llegar a hoy al Herbario Poético y Sonoro de Al ciervo de los pantanos, solo por nombrar algunos. Algo común a las obras que se presentan en la muestra, además del acercamiento experimental para con el sonido, es la forma de pensar a la partitura como un dispositivo de acción, de comunicación, algo que se hace para que otro pueda hacer una acción, ya sea tocar una música, leer un poema o hacer un sintetizador. 

 Dejando de lado que la escucha es una actividad pasiva, interesa pensarla como una condición de expresión y un modo de estar juntes. Una práctica a partir de la cuál borramos limites, abrimos un agujero negro, nos despersonalizamos, hacemos algo y preguntamos: ¿quién tuvo la idea? Nadie sabe. Podríamos decir que el trabajo, en términos de curaduría, llevado a cabo por la ficción del Centro de Arte Sonoro consiste en hacer islas y barquitos en donde la cuestión sonora es el modo que tenemos de acercarnos a los bordes. En estos encuentros nos sentimos incompletos, nos desgastamos, expandimos nuestro imaginario, hacemos nuevos amigues y, sobre todo, desconfiamos de las estructuras dadas. 

¹Para leer más sobre Casa Tomada:
https://mariapaulazacharias.com/2016/10/03/casa-tomada-artistas-okupas-en-la-casa-del-bicentenario/

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