Coreografías de la vergüenza, o de como la repetición en masa puede llevar a producir desborde

Por d4n4

Dibujo por Lino Divas

Entramos a la sala, que hoy es pista y también experimento, y nos encuentra un movimiento circular, ronda inacabada porque nunca se completa, en cambio traza posibles recorridos de manera irrespetuosa y torcida. Lxs performers repiten el mismo movimiento, parece un ritual pero seguro que es profano, todavía no hay ni música ni iluminación. Brilla la pilcha por su rareza electrizante y la vaselina embadurnada de manera exagerada, más adelante será el sudor también el que ilumine. Para lo que es ritmo, el pasito repetido a modo de mantra sucio, el ruido que el calzado hace en el piso y los  sonidos bizarros que lxs 6 performerxs empiezan a producir para nosotrxs, da gracia pero también inquieta.

 A fuerza de repeticiones rotas lxs performers hacen aparecer el sonido, llega el DJ, facherisimo,  enchufa la consola y el beat que es parranda ceba el goce colectivo.  Ahora ya no sabremos si lxs performers bailan al ritmo del DJ o si a Tobey la música le sale deforme porque las locas de la ronda chueca le hacen torcer el sentido. Las luces se van prendiendo también, porque queremos ver más, el pasito repetido ya nos hizo mella en la cola y necesitamos  volvernos espectadorxs poliamorosxs para seguir con la mirada alucinada el repertorio infinito de nuevos gestos con que cada performer se revienta la cara. 

La marcha torpe no se detiene, no lo va a hacer a lo largo de los 50-55 minutos que dure la obra,  un poco fascina, otro poco desespera. Desde el borde de la pista experimento, nosotrxs desconocemos si este baile puede parar  ¿acaso alguien puede  hacerlo a esta altura del necrotizante capitalismo petrosexoracial que logra poner cada fuerza a trabajar a su servicio?  Al imperativo hiperproductivista, este afectariado en lucha le responde a modo de manifiesto transpirado:  si de este orden no podemos zafarnos, repitámoslo en masa hasta volverlo ridículo. “Agotar el cliché, agotar el cliché, agotar el cliché”, lxs  instigadorxs del Dramas Gratis ya lo habían convertido en bandera a modo de enunciado cantado, y carnaval de dragas, ahora vuelven e  insisten con esta táctica pero como gesto desfigurado y figura deforme para volver público al cringe heteronacional. 

En aras de esta  descodificación sudada de las “coreografías sociales delx buen ciudadanx” (Silvio Lang y Quillen Mut en la presentación de esta táctica de lucha) cada movimiento precisa del procedimiento ético y somático que es el segundeo. Silvio lo viene agitando hace rato, inspirado en  Sara Ahmed : ¿qué puntos de apoyo son necesarios para ejercer un desvío?  Acá la masa que se mueve es la condición que hace posible  el cualquierismo que cada performer sostiene y pone a disposición. 

Cada unx de ellxs nos ceba desesperadx con su vergüenza, la que le modeló el cuerpo, historia de contactos represivos y normalizantes. Pero cuando nos la acercan, rídiculxs, exageradxs, inadecuadxs, en manada y para volverla visible, producen un caldero común de sentimientos que no se resignan a ser sólo norma, mas también ritmo, chiste, perversión, y posible. Aquí hay  cuerpos que de tanto repetirse se desarman y entonces desbordan, quiebran, fugan, disocian y en ese  escurridizo paso, gesto y sonidito bizarro, agitan lo que en lxs que espectamos ya no aguanta ser solo expectativa o espera. Esta obra jamás reprime, más bien refuerza nuestras condiciones de posibilidad, como público se siente, nos animamos a gritar, exagerar, vitorear, agitar y hasta pedirle a lxs performers que se nos acerquen para olerles el sudor marica y colectivo.

En Coreografías de la Vergüenza lo que te desespera es no poder entrar a escena o mejor romper la escena, abandonar la comodidad careta que nos mantiene desmobilizadxs y tirarte un paso, sumar tu rareo a la ronda del cringe. Y acá la invitación jugosa de Quillen Mut y su cringatariado bailativo, revolución lubricada que es fantasía bailable pero también dispositivo lunático contra el tedio de esta Argentina normal. 

Quillen y Silvio nos acercan, en el texto de presentación, el concepto-dispositivo de “antologías movimientales”,  así nos proponen  nombrar al repertorio  de gestos, movimientos y temporalidades producidos desde la puesta en común exagerada y bailada de los archivos de la vergüenza personal. Me animo a decir entonces  que las antologías movimientales de Coreografías de la Vergüenza tienen de enemigo al cuerpo cárcel y destino. La apuesta es la de un mitin coreografiado contra la vida mula. Con lookazos tan indescifrables  como impresionantes, y  junto al beat, que es alarido de reggaetón, cumbia y cuartetazo agitan pista caliente y degenerada, des-control planificado  y abandono de sí. 

En La política cultural de las emociones, Sara Ahmed explica que la verguenza puede funcionar como un factor disuasivo, “para evitar la verguenza los sujetos deben aceptar el contrato de los lazos sociales, buscando aproximarse a un ideal social. La verguenza puede experimentarse como el costo afectivo de no seguir los guiones de existencia normativa”. Agitador de las prácticas de repulsión y de la danza derrochada, Quillen Mut propone aquí un acto cimarrón,  dialéctica de Calibán o reapropiación de la injuria:  convertir a esta vergüenza normalizante en práctica pública y colaborativa, orgía organizada de gestos bobos y chuecos. Mauro Pierotti, Jan Valente, Lu Bertotti, Cami Paladino, Ari Lutzker y Sasha se animan  a deponer en escena  su destreza social y su capital erótico, como bestias mutantes y bebotes igualmente nos calientan, haciendo  tambalear la jerarquía erótico sexual de esta Buenos Aires estética y careta. En su arte de la carne alegre pero no felicista, Coreografías de la Vergüenza sostiene y nos hace sostener, junto a Mckenzie Wark, que  «siempre podrán contar con nosotras para sostener lo que ahora es, en modo defensivo, un antifascismo sin garantías».

Cuando termina la obra lxs performers salen de escena, y enfiestadxs se van hacia la puerta de la galería que hace de teatro, incluso atraviesan la puerta y salen a la calle, no sin antes haberse colado entre el público para delirarnos las ganas y convertirnos en enardecida multitud deseante. Tanto es así que todxs nos paramos y mientras se van, comenzamos a seguirlxs, gritando, aplaudiendo, agitando, queremos salir a la calle deformadxs con ellxs, bailar  friki toda la noche, pero también  aceptar la arenga que divertida combate y subirnos rarxs al bondi, recorrer torcidxs la calle corrientes, desafiar al gesto correcto  hasta volvernos escándalo. 

En esta primavera liberal pero no libertaria,  en que cuesta levantarse porque lo que más se democratiza es el tedio y el engorramiento punitivista, Coreografías de la Verguenza es critica porque emociona frente a tanto malestarismo instagrameable que rezonga pero nunca inquieta. Aquí la vergüenza es movimiento insurreccional para convencernos de que si “el futuro es de los programadores”, las futuridades se fundan desprogramando, a fuerza de vergüenzas comunes y coreo-conspiraciones. 

* FICHA TÉCNICA: 

En escena: Mau Pierotti, Ari Lutzker, Lucía Bertotti, Jan Valente, Cami Paladino, Sasha
Disc-jockey: Tobey
Asistencia: Shiuliano
Vestuario: Joishii
Iluminación: Laura Abad
Producción ejecutiva: Quillen Mut, Ari Lutzker, Lucía Bertotti, Jan Valente, Cami Paladino, Tobey
Producción general: Tomo Cabrera
Cobertura fotográfica: Ana Plateada
Fotografía de difusión: Dieg
Colaboración artística: Silvio Lang
Dirección: Quillén Mut

Una creación del Afectariado Combativo

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